Si tu empresa tiene los mandatos en orden dormirás más tranquilo

El mandato es la autorización expresa del cliente a que se le efectúe un cargo en su cuenta bancaria por los productos o servicios que le hemos prestado. Más claro: es lo que nos permite cobrarle en su cuenta bancaria, solo que con un nuevo nombre tras la entrada en vigor de la normativa SEPA.

Lo que puede parecer un mero trámite, tiene más importancia de lo que se cree, hasta el punto de que una empresa pude pagar muy caro no hacerlo con arreglo a la regulación.

Un mandato SEPA debe servir a dos finalidades: recoger la información del cliente e informar claramente a nuestros clientes de sus derechos y obligaciones según el esquema escogido. La normativa SEPA da libertad en el aspecto y cierta flexibilidad sobre cómo se obtiene es información pero no así de la información que debe contener. Por eso, si no recogemos toda la información necesaria o no informamos a nuestros clientes debidamente, el mandato puede ser declarado inválido. Una vez recogido lo que deberemos hacer es custodiarlo intacto, puesto que estaremos obligados a presentarlo cuando nos sea requerido incluso después de que se haya cancelado.

Y en este punto nos vamos acercando a un problema que puede originar estragos en una empresa. El banco del cliente le dice al de tu empresa que no acepta más cargos de recibos y le pide que entregue el mandato que autorizaba dichos cobros. Tu banco tendrá tres días hábiles para pedírtelo y entregarlo, y de no ser así se declarará inválido y tendrá que reembolsar los cargos. El mandato serviría por tanto como elemento de prueba de que efectivamente tenemos derecho a cobrarle a alguien por los servicios que le hayamos prestado.

Imaginaos un cliente vuestro, buen pagador durante años, pero que entra problemas de liquidez y deja de pagar dos recibos. Si estos recibos son de €9 no sufriremos mucho, pero en Besepa generamos recibos de decenas de miles de euros para nuestros clientes, de modo que si fuera uno de esos recibos sí que sería un problema.

Más aún, la cosa empeora y el cliente intenta devolver más recibos para ganar tiempo. El banco de la empresa en apuros le ha pedido a nuestro banco el mandato y disponemos de tres días para presentarlo. Más nos vale tenerlo guardado y bien guardado, puesto que de no hacerlo nuestro banco tiene la obligación de reembolsar el dinero. A partir de ahí sólo nos quedará la opción de reclamar en los juzgados, y ya conocemos su agilidad.

No queremos convertir esto es una historia de terror, porque tampoco sería realista. La realidad dice que las devoluciones son las que son (su % depende del sector en el que operemos) y el riesgo de impagos lo tenemos siempre.

Pero en esto, como en todo, uses Besepa para ayudarte a recoger y custodiar los mandatos o no, tenemos dos formas de hacer las cosas: bien o mal. Y pudiéndo hacerlas bien, ¿por qué hacerlas mal?